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Moises y la zarza

Moises y la zarza
La historia comienza mientras Moisés pastoreaba solo el rebaño de ovejas que pertenecía a su suegro Jetro en la tierra de Madián. En aquel lugar cerca del monte de Horeb el Espíritu de Dios se le aparece a Moisés en forma de una llama de fuego en medio de una zarza la cual a pesar del fuego no se consumía. Curioso Moisés se acerca a la zarza cuando la voz de Dios le dice que se quite las sandalias de los pies puesto que el suelo de aquel lugar es santo. Dios le explica a Moisés que tiene un plan para liberar a los israelitas de la esclavitud que vivían en Egipto y que sería Moisés el mensajero y que posteriormente los llevaría a una tierra prometida en Canaán. Moisés se queda perplejo y dudoso de sus habilidades para poder llevar a cabo tal plan por lo que le pregunta a Dios que debería responder cuando los israelitas le preguntaran quien lo ha mandado por lo que Dios le dice que responda: “Yo soy el que Soy; Yo soy me ha mandado.”

Éxodo 3

Moisés y la zarza ardiendo

3Y Moisés apacentaba el rebaño de Jetro su suegro, sacerdote de Madián; y condujo el rebaño hacia el lado occidental del desierto, y llegó a Horeb, el monte de Dios.  se le apareció el ángel del Señor en una llama de fuego, en medio de una zarza;  Moisés miró, y he aquí, la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía.  Entonces dijo Moisés: Me acercaré ahora para ver esta maravilla:

por qué la zarza no se quema.  Cuando el Señor vio que él se acercaba[e] para mirar, Dios lo llamó de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5 Entonces Él dijo: No te acerques aquí; quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa. 6 Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tenía temor de mirar a Dios.

Dios habla a Moisés desde la zarza ardiente

 (Éxodo 3:1-3) Moisés y la zarza ardiente en el Monte de Horeb

Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema.

a. Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro:

Por 40 años Moisés vivió como un pastor oculto en el desierto de Madián. Hasta este punto su vida era tan humilde que él no tenía ningún ganado al que pudiera llamar como propio – las ovejas pertenecían a su suegro.

b. A través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios:

Moisés llevó a las ovejas hasta este monte, el cual después se llamó el Monte Sinaí. Horeb probablemente significa “desierto” o “desolación,” y dicho nombre nos da una idea del terreno.

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c. La zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía:

No fue solamente de que Moisés vio una zarza ardiendo; aparentemente es común que una planta como esta tuviera una combustión instantánea en ese desierto. Sin embargo, dos cosas eran distintivas de esa zarza:

· Apareció el Ángel de Jehová…en medio de una zarza.

· A pesar de que la zarza ardiera, la zarza no se consumía.

La zarza ardiente que no se consumía fue una atracción magnética para la vista de Moisés – le atrajo para examinarla de cerca. Algunos piensan que la zarza ardiendo simboliza a Israel, o en general al pueblo de Dios – afligidos pero no destruidos, porque Dios esta en medio de ellos.

También podríamos decir que la zarza ardiente era un dibujo de la cruz. La palabra Hebrea usada para describir esta zarza viene de la palabra “clavar o pijar,” lo cual significa un espino o una zarza. Podemos pensar de la cruz – donde Jesús, coronado con espinos, soporto el fuego del juicio y aún así no fue consumido por ello – y ser recordados de la cruz cuando consideramos la zarza ardiente.

Iré yo ahora y veré esta grande visión: Lo que fuera que Moisés miró, no era nada normal. “Para explicar lo que ocurrió aquí como un espejismo temporal, o la luz del sol reflejada en algunas hojas rojas, o el fuego del campamento de algún Beduino, o incluso el fenómeno del fuego de San Elmo, sería el sustituir nuestra experiencia por los cuarenta años de Moisés en dicha área y su apreciación de que eso era ciertamente inusual.” (Kaiser)

(Éxodo 3:4-6) Dios habla a Moisés desde la zarza ardiente.

Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.

Viendo Jehová que él iba a ver: Dios no habló a Moisés hasta que Él tuvo la atención de Moisés. Regularmente la Palabra de Dios no toca nuestro corazón de la manera que podría llegar a hacerlo puesto que nosotros no prestamos atención.

La zarza ardiente fue un fenómeno espectacular que capturó la atención de Moisés; pero no hubo ningún cambio sino hasta que Moisés recibió la Palabra de Dios que salió de allí.

Lo llamó Dios de en medio de la zarza: Moisés no vio a nadie en la zarza ardiente; aún así Dios, en presencia del Ángel de Jehová (Éxodo 3:2), estaba allí llamando a Moisés de en medio de la zarza ardiente.

Sin duda, esta es otra ocasión donde Jesús se aparece en el Antiguo Testamento antes de Su encarnación como el Ángel de Jehová, así como Él lo hizo muchas veces (Génesis 16:7-13, Jueces 2:1-5, Jueces 6:11-24, Jueces 13:3-22).

Decimos que éste es Dios, en la Persona de Jesucristo, debido que de Dios el Padre se a dicho que Ninguno a visto a Dios en ningún tiempo. El único Hijo, quien esta en el regazo del Padre, Él ha declarado de Él (Juan 1:18), y que no hay hombre que a visto a Dios en la Persona de el Padre (1 Timoteo 6:16).

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¡Moisés, Moisés! Las primeras palabras de Dios para Moisés fue llamarle por su nombre. Esto muestra de que a pesar de que Moisés era un pastor solitario y olvidado detrás del desierto, Dios sabía quien era él, y Moisés era importante para Dios.

La doble llamada (¡Moisés, Moisés!) implica importancia y urgencia, como cuando Dios llamó a ¡Abraham, Abraham!(Génesis 22:11), ¡Samuel, Samuel! (1 Samuel 3:10), Simón, Simón (Lucas 22:31), Marta, Marta (Lucas 10:41), y a Saul, Saul (Hechos 9:4).

Y Él respondió: Dios le dijo a Moisés que hiciera dos cosas para mostrar un honor especial a éste lugar debido a la inmediata presencia de Dios.

· Él le dijo a Moisés que guardara su distancia (No te acerques).

· Él mandó a Moisés a mostrar reverencia ante la presencia de Dios(Quita tu calzado de tus pies).

No te acerques es una frase que literalmente tiene el sentido de “detente de acercarte.” Moisés estaba en camino a examinar de cerca de la zarza ardiente cuando Dios le detuvo.

Éste era un lugar santo; y debido a que Dios es santo siempre habrá una distancia entre Dios y los hombres. Aún en la perfección el hombre nunca será igual a Dios, aunque si seremos capaces de tener un relación más cercana con Él.

Quita tu calzado de tus pies: Se mostró una apropiada humildad a removerse el calzado, debido a que los más pobres y necesitados no tenían calzado, y los siervos por lo general iban descalzos. También se reconocía la inmediata presencia de Dios. En muchas culturas uno se quita el calzado cuando se entra en la casa de alguien, y Moisés ahora estaba en la “casa” de Dios, un lugar donde se encontraba Su inmediata presencia.

“Ya que la suela debe gustar del polvo, la gravilla y la arena sobre el pie cuando se viaja, lo cual era incómodo, por lo tanto se hizo una costumbre el lavar frecuentemente los pies en aquellos países en donde eran usadas las sandalias. El quitarse el calzado es por lo tanto un emblema de dejar de lado la contaminación que se contraía de caminar en pecado.” (Clarke)

Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob: Dios se reveló a sí mismo a Moisés al declarar Su relación con los patriarcas. Esto le recordó a Moisés que Dios es el Dios de pacto, y de que Su pacto con Israel aún era válido e importante. Éste no era un “nuevo Dios” que se encontraba con Moisés, sino el mismo Dios que trató con Abraham, Isaac y Jacob.

Dios se revelaría a Si mismo más íntimamente de como Él lo hubiera hecho con cualquiera de los patriarcas; con todo, Dios comenzó recordándole a Moisés del pacto que había formado con ellos.

En los días de Moisés, algunos pudieron pensar de que Dios olvidó Su pacto durante los 400 años de esclavitud de Israel en Egipto desde los tiempos de los patriarcas. Sin embargo, Dios estuvo trabajando durante ese tiempo, preservando y multiplicando la nación.

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Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios: Dios dijo a Moisés que hiciera lo que era apropiado para una criatura frente a su Creador – el reverenciar y reconocer Su santidad. Moisés respondió como un hombre que sabía que él no sólo era una criatura, sino una criatura pecadora – él cubrió su rostro.

Durante sus años en el desierto de Madián, Moisés debió de pensar muy seguido como él había asesinado a un Egipcio y del orgullo que él tenía de pensar que él podría liberar a Israel por si mismo. Moisés pudo haber recordado mil pecados, reales e imaginarios – pero ahora, cuando Dios apareció, él respondió de una manera muy diferente de lo que pudo haber respondido hace 40 años.

Significado de la zarza ardiente

La primera vez que D-os le habla a Moisés ocurrió en el evento de la zarza ardiente. Moisés estaba pastoreando las ovejas de su suegro Yitró cuando vio un arbusto encendido que no se consumía. Entonces D-os lo llama por su nombre, Moisés contesta “Hineni” (Aquí estoy) y D-os le revela que sacará al pueblo judío de Egipto y será él, Moisés, quien los lideré.

Hay varios aspectos de este fragmento que lo vuelven icónico dentro de la narración que la Torá sigue pues revela los aspectos bajo los cuales se llevará a cabo la Redención de Egipto y la aparición de D-os al mundo a través de los milagros. En primera instancia lo que resalta es la orden de D-os a Moisés de quitarse los zapatos; es el mismo mandato que los sacerdotes del Templo seguían al acercarse al mismo y realizar los sacrificios. Quitarse los zapatos representa reconocer la Presencia Divina en el lugar en el que uno está parado y tomar la decisión de aceptar la situación que lo rodea.

Involucra un arraigo a la tierra que las plantas de los pies tocan y la determinación de verter su persona al rol que se sigue en ese espacio; dedicar la vida a lo que hace en ese momento y lugar dado; la aceptación del rol que D-os te da. Moisés muestra su determinación de obedecer a D-os con dos signos, al quitarse los zapatos y al responder “Hineni.” Ésta palabra (que quiere decir “Aquí estoy”) cuando se usa en la Torá no se refiere a un lugar físico sino a una determinación moral, la apertura hacia la obediencia y la espiritualidad.

Además los elementos de la zarza guardan también un significado, el fuego representa la Torá, la materia elevándose hacia D-os, es la forma en que los sacrificios eran dados, el hecho de que la zarza no se consumiera con el fuego muestra una fuerza que da energía y luz sin extinguirse, en vez de consumir la materia a la que toca, da vida; es muestra de la Presencia Divina. La zarza por su lado es muestra que toda materia al ser creada por D-os puede ser depositaria de su Presencia, es decir puede reflejar la perfección.

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