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Libro de Romanos

Romanos
Pablo escribió la CARTA A LOS ROMANOS en un momento decisivo de su carrera apostólica. Ya había concluido su tercer viaje misionero, y se disponía a llevar a Jerusalén la colecta en favor de los pobres, que tan laboriosamente había recogido en Macedonia y Acaya (15. 25-26). Consideraba que su misión en Oriente ya estaba terminada (15. 19-20), y tenía proyectado emprender una nueva etapa en su obra de evangelización: su propósito era llevar la Buena Noticia a Occidente, desde Roma hasta España (1. 13-15; 15. 28), donde se le abría un campo de actividad todavía virgen. Para preparar su visita a los cristianos de Roma, el Apóstol les envió una Carta, donde les exponía más detalladamente los mismos temas que ya había tratado en su Carta a los Gálatas. Pero aquí el tono es diferente. El ardor de la polémica se ha suavizado, y Pablo ha podido completar y matizar su pensamiento y sus expresiones. En una admirable síntesis doctrinal, describe la universalidad del pecado y la obra redentora de Cristo; la función de la Ley de Moisés en el designio salvífico de Dios y la justificación por la fe en Jesucristo; la libertad cristiana, el Bautismo y la nueva Vida en el Espíritu. Además, en esta Carta hay un tema desarrollado con particular amplitud: el de la situación del Pueblo judío en la nueva disposición divina, fundada sobre la fe en Cristo y no sobre las obras de la Ley.

¿Quién escribió este libro?

El apóstol Pablo es el autor de la Epístola a los Romanos (véase Romanos 1:1). Al escribir esta epístola, Pablo empleó la ayuda de un escriba, Tercio, el cual escribió su propio saludo a los santos romanos cerca del final de la epístola (véase Romanos 16:22).

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¿Cuándo y dónde se escribió?

Pablo escribió su Epístola a los Romanos en Corinto, cerca del fin de su tercer viaje misional. Varias indicios sugieren que escribió esta epístola durante los tres meses que permaneció en Corinto (véase Hechos 20:2–3; la palabra Grecia en estos versículo se refiere a Corinto), probablemente entre los años 55 y 56 d. C..

Resumen del libro

Pablo estaba entusiasmado con la idea de poder ministrar al fin en esta iglesia, y todos estaban bien enterados de este hecho (Romanos 1:8-15). La carta a los Romanos fue escrita desde Corinto justo antes del viaje de Pablo a Jerusalén para llevar las ofrendas que le habían sido entregadas para los pobres de allá. Él había intentado ir a Roma y posteriormente a España (Romanos 15:24), pero sus planes fueron interrumpidos cuando fue arrestado en Jerusalén. Eventualmente él iría a Roma pero como prisionero. Febe, quien era un miembro de la iglesia en Cencrea cerca de Corinto (Romanos 16:1), es quien probablemente llevó la carta hasta Roma.

El libro de Romanos es principalmente una obra de doctrina y puede ser dividido en cuatro secciones: la necesidad de justicia, 1:18—3:20; la justificación provista, 3:21—8:39; la justicia vindicada, 9:1—11:36; la justicia practicada, 12:1—15:13. El tema principal de esta carta es obviamente – la justificación. Guiado por el Espíritu Santo, Pablo primeramente condena a todos los hombres por su pecaminosidad. Él expresa su deseo de predicar la verdad de la Palabra de Dios a aquellos que estaban en Roma. Era su esperanza que ellos permanecieran en el camino correcto. Señala enérgicamente que no se avergüenza del evangelio (Romanos 1:16), porque es el poder mediante el cual todos son salvados.

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El libro de Romanos nos habla acerca de Dios, quién es Él y lo que Él ha hecho. Nos habla de Jesucristo, de lo que Él logró con Su muerte. Nos dice acerca de nosotros mismos, de lo que éramos sin Cristo y lo que somos después de haber confiado en Cristo. Pablo señala que Dios no demandó que los hombres hubieran ya enderezado sus vidas antes de venir a Cristo. Mientras que aún éramos pecadores, Cristo murió en la cruz por nuestros pecados.

¿Cuáles son algunas de las características distintivas de este libro?

Después de la salutación inicial, la epístola comienza con un resumen de su idea central: “… el Evangelio de Cristo… es poder de Dios para salvación” a todo aquel que vive por la fe en Jesucristo (Romanos 1:16–17).

Aunque la Epístola de Pablo a los Romanos ha desempeñado un papel importante en la historia de la cristiandad, lamentablemente también ha sido “fuente de mayor confusión, malinterpretación y daño que cualquier otro libro bíblico”, según el élder Bruce R. McConkie, del Cuórum de los Doce Apóstoles (Doctrinal New Testament Commentary, 3 tomos, 1965–1973, tomo II, pág. 211). Aun entre los primeros cristianos, los escritos de Pablo se consideraban “difíciles de entender”, y sus enseñanzas en ocasiones se distorsionaban y malinterpretaban (2 Pedro 3:15–16).

Reflexión que nos deja el libro

El libro de Romanos deja en claro que no hay nada que podamos hacer para salvarnos a nosotros mismos. Cada “buena” obra que hayamos hecho alguna vez, es como un trapo inmundo ante Dios. Así que tenemos sobre nosotros la sentencia de muerte por nuestras transgresiones y pecados, de la que solo la gracia y misericordia de Dios puede salvarnos. Dios expresó esa gracia y misericordia al enviar a Su Hijo, Jesucristo, a morir en la cruz en nuestro lugar. Cuando entregamos nuestras vidas a Cristo, ya no somos controlados por nuestra naturaleza de pecado, sino que somos controlados por el Espíritu. Si confesamos que Jesús es el Señor, y creemos que Él fue levantado de los muertos, somos salvados, nacidos de nuevo. Necesitamos vivir nuestras vidas como una ofrenda a Dios, como un sacrificio vivo para Él. La adoración del Dios que nos salvó, debe ser nuestro más alto deseo. Tal vez la mejor aplicación de Romanos sería aplicar Romanos 1:16 y no avergonzarnos del evangelio. En vez de ello, ¡seamos todos fieles en proclamarlo!

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