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El libro de salmos

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Los salmos (en hebreo תְּהִילִים, Tehilim, «Alabanzas», en griego ψάλμοι, psalmoi) son un conjunto de cinco libros de poesía religiosa hebrea que forma parte del Tanaj judío y del Antiguo Testamento. El Libro de los Salmos está incluido entre los llamados Libros Sapienciales. También es conocido como Alabanzas o Salterio. Suele encontrarse entre los libros de Job, Proverbios y Cantares.

¿Qué son los salmos?

¿Quién escribió este libro?

El libro de Salmos atribuye al menos setenta y tres (o cerca de la mitad) de los salmos a David y atribuye otros salmos a otros autores, entre ellos a Asaf (Salmos 50; 73–83) y Hemán (Salmos 88). Sin embargo, esas atribuciones aparecen en títulos que “se agregaron a algunos de los salmos, pero se cuestiona si estos son tan antiguos como las palabras a las que se encuentran unidos”

¿Cuándo y dónde se escribió?

Los múltiples autores que escribieron los salmos vivieron en distintas épocas, la mayoría de ellos aproximadamente entre 1000 y 500 a. de J.C. No se sabe con seguridad cuándo se recopiló el libro de Salmos en su forma actual, pero los acontecimientos que se mencionan en Salmos 137 indican que ese proceso no se completó sino hasta después del exilio de los judíos en Babilonia: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos y aun llorábamos, acordándonos de Sión. …allí nos habían llevado cautivos” (Salmos 137:1, 3).

Autoría y Títulos (o Sobreescrituras)

De los 150 Salmos, solo a 34 le faltan sobreescrituras de cualquier tipo (solo 17 en la Septuaginta, la traducción griega previa al cristianismo del AT). Los tan llamados “Salmos Huérfanos” se encuentran principalmente en los libros III-V, donde tienden a ocurrir en racimos: Salmos 91; 93-97; 99; 104-107; 111-119; 135-137; 146-150. (en los Libros I-II, sólo a los Salmos 1-2, 10, 33, 43, 71 le faltan títulos, y el Salmo 10 y 43 son, de hecho, continuaciones de los Salmos precedentes)

El contenido de las sobreescrituras varía, pero caen en nuevas categorías: (1) autor, (2) nombre de colección, (3) tipo de salmo, (4) anotación musical, (5) anotaciones litúrgicas e (6) indicaciones breves de ocasión para la composición. Para detalles ver las notas en los títulos de varios salmos.

Los estudiantes de los Salmos no están de acuerdo con la antigüedad y confiabilidad de estas sobreescrituras. Parece evidente que muchos de ellos son pre-exílicos por el hecho de que los traductores de la Septuaginta a veces no estaban claros en cuanto a su significado. Además, la práctica de colocar títulos, incluyendo el nombre del autor, es antigua. Por otro lado, las comparaciones entre la Septuaginta y los textos hebreos muestran que el contenido de algunos títulos estaba sujeto a cambios en el periodo post-exílico. Mucha discusión se centra en las categorías 1 y 6 arriba.

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En cuanto a la sobreescritura relacionada a la época de composición, muchas de esas notas breves de eventos se leen como si hubieran sido tomadas de 1,2 Samuel. Además, a menudo no están relacionadas tan fácilmente con el contenido de los Salmos. Surge la sospecha de que son intentos tardíos de encajar en los Salmos con los eventos de la vida real, Pero entonces, ¿por qué limitar el número de tales anotaciones y por qué las disparidades aparentes? El argumento aplica para ambos sentidos.

En cuanto a la autoría, las opiniones están más que divididas. Las mismas anotaciones hebreas son antiguas ya que las frases usadas en hebreo, que significan en general “pertenecen a” pueden ser tomadas en el sentido de “en cuanto a” o “por el uso de” o “dedicada a”. El nombre puede referirse al título de una colección de Salmos que habían sido reunidos bajo un cierto nombre (como "de Asaf" o "De los hijos de Korah"). Para complicar los asuntos, hay evidencia dentro del Salterio de que por lo menos algunos de los Salmos estuvieron sujetos a revisiones editoriales en el curso de su transmisión. En cuanto a la autoría Davídica, puede haber pocas dudas de que el Salterio contiene salmos compuestos por este cantante y músico notorio y de que había en ese momento un Salterio “Davídico”. Sin embargo, esto puede haber incluido salmos escritos en cuanto a David, o en cuanto a uno de los últimos reyes davídicos, o incluso salmos escritos de la forma de esos que el escribió. También es cierto que la tradición de la cual se dice que los salmos son “Davídicos” sigue siendo indefinida, y algunos Salmos “Davídicos” parecen reflejarlo claramente en situaciones posteriores (ver, por ejemplo, el título del Salmo 30 y la nota allí. Y ver la Introducción al Salmo 69 y la nota en el título del Salmo 122). Además, “David” es a veces usado en otras partes como un colectivo para los reyes de su dinastía, y esto podría ser cierto en los títulos de los salmos.

La palabra Selah se encuentra en 39 salmos, los cuales (Salmos 140; 143, ambos “Davídicos”) se encuentran todos en los libros I-III. También se encuentra en Habacuc 3, un Salmo tipo poema. Sugerencias acerca de su significado abundan, pero la honestidad debe confesar la ignorancia. Es más probable, que sea una anotación litúrgica. Las sugerencias comunes es que llama un interludio musical breve o una respuesta litúrgica breve de la congregación, son razonables, pero no se han comprobado (el anterior puede estar apoyado por la representación de la Septuaginta). En algunas instancias, su ubicación presente en el texto hebreo es altamente cuestionable.

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Tipos de salmos

Los himnos

Hay varios himnos en la Biblia, tanto en el Antiguo Testamento (cf. Éx 15, 21, Jc 5) como en el Nuevo Testamento (cf. Lc 1, 46-55, Lc 1, 68-79). Los himnos - salmos tienen como característica principal es el ser cantos de alabanza, de glorificación desinteresada, es decir, no contienen peticiones o ruegos. Además tiene un esquema más o menos fijo. Comienza por una invitación a la alabanza y en el desarrollo se ofrecen los motivos por los que Dios ha de ser glorificado incluyendo a veces largos relatos de sus hazañas. Las conclusiones suelen ser variadas: repiten la introducción, hacen una promesa o voto, una oración. Algunos tratan, como motivo de alabanza, la creación; otros la historia del pueblo de Israel y la acción divina en ella. Se detienen ya sea en las maravillas del mundo o en los hechos que muestran el amor divino hacia el ser humano.

La redacción es casi siempre impersonal, lo que facilita su uso litúrgico o al menos el que puedan ser empleados como medio para la oración en común. Incluso las indicaciones de gestos o movimientos (arrodillarse, alzar los brazos, etc.) tienen un sentido litúrgico y permiten también dar con el contexto original en que se usaban.

Las súplicas

En este caso prima el ruego personal (cf. Sal 3; 5; 13; 22; 25, etc.) sobre el colectivo (Sal 4; 79; 80; 83, etc.); aunque las formas gramaticales de una persona bien pueden referirse a la oración del sacerdote, que en realidad hace oración por intenciones colectivas. En general todos son una respuesta religiosa a las desgracias y la persecución de los enemigos, respuesta que incluye la petición de ayuda divina.

Suelen comenzar por una invocación breve o por un recuerdo apenas esbozado de las bondades divinas. Luego viene la descripción de las desgracias que aquejan al suplicante, quien a veces deja oír sus quejas, lamentaciones y gritos. Normalmente desembocan en un reconocimiento de que por las propias fuerzas el orante no puede salir de tal situación y que le resulta imprescindible la acción de Dios. Esto sirve de marco e introducción a la súplica propiamente dicha que puede ser genérica (“Actúa, Señor”) o concreta. En la conclusión se suele hacer un acto de confianza en que Dios dará cuanto se le ha pedido.

Los salmos más conocidos y usados en la oración son de este género. Así el Salmo 22 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?,19​ el Salmo 51 o Miserere y el Salmo 130 conocido como De profundis.

Salmos de acción de gracias

Aquí también encontramos tanto salmos de gratitud cuyo sujeto es una persona (cf. Sal 18; 32; 34; 40) como también varias o un colectivo (cf. Sal 66; 67; 124; 129).

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La introducción es muy semejante a la de los himnos, a la que sigue una narración de los motivos para dar gracias (una situación penosa que se ha resuelto, un ataque o persecución superada, etc.) añadiendo una oración de súplica. Luego sigue el relato de la acción divina salvadora. Concluyen con la acción de gracias propiamente dicha y actos de confianza en el poder de Dios.

Salmos reales

Tienen dos modalidades: algunos salmos que hablan sobre el rey de Israel y otros que muestran la realeza divina. La tradición de ambos grupos de salmos es davídica en el sentido de que se apoya tanto en la elección divina del Rey David como en la promesa que Yahveh le hizo sobre la perpetuidad de su dinastía. Inicialmente usados para la consagración de reyes o para ceremonias reales, con la caída de la monarquía son reutilizados en sentido mesiánico. Los más representativos son el Salmo 2, el 45, el 89 y el 110 (para los directamente relacionados con la dinastía davídica) y los Salmos 47; 93 al 99 sobre la realeza de Yahveh. Dada su diversidad de funciones, resulta más difícil establecer un esquema general.

Salmos mesiánicos

El tema de los salmos mesiánicos es discutido entre las escuelas a tal punto que hizo necesaria la intervención de la Comisión bíblica en la Iglesia católica. Es evidente la tensión mesiánica que vivía Israel y también que los evangelistas se apropiaron de algunos salmos para darles sentido de profecías que Jesús estaría cumpliendo. Sin embargo, se discute sobre qué salmos contendrían este tipo de profecía y cuáles serían extrapolaciones.

Cánticos de Sion

Muy relacionados con los dos géneros anteriores, se trata de salmos que cantan las glorias de Sion, himnos de forma clásica pero a partir de un tema único. Recuerdan los diversos momentos de la presencia de Yahveh con su pueblo desde el diálogo con Moisés pasando por el Arca de la Alianza y hasta llegar al Templo de Jerusalén.

Salmos didácticos y salmos de sabiduría
Se trata de composiciones destinadas a la enseñanza. Se caracterizan por varios elementos formales que ayudan a hacerlos más didácticos y fácilmente memorizables: siguen un orden alfabético en la primera letra de algunos versos (cf. Sal 9-10; 25; 34; 37; 111; 112; 119; 145), tratan de la Ley o de la ética israelita.

Otras categorías

Autores como Lipinski o Peinador abogan por una clasificación que incluya también otros géneros como salmos de imprecación, de profecía, de maldición, etc. También se habla de salmos mixtos, es decir, que tienen formas o contenidos propios de los diversos géneros mencionados anteriormente.

El Salmo 137 que narra las desventuras de los judíos en la cautividad no queda dentro de ninguno de los géneros mencionados.

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