Versiculos

Genesis 2:24

ser una sola arne
Génesis 2:24 describe lo que el matrimonio es en toda su plenitud: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”.

Versos Paralelos

Génesis 2:24

La Biblia de las Américas
Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Nueva Biblia Latinoamericana
Por tanto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Reina Valera Gómez
Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y serán una sola carne.

Reina Valera 1909
Por tanto, dejará el hombre á su padre y á su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.

Biblia Jubileo 2000
Por tanto, el varón dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.

Sagradas Escrituras 1569
Por tanto, el varón dejará a su padre y a su madre, y se allegará a su mujer, y serán por una carne

Dejará el hombre a su padre y a su madre

Las palabras de este versículo no pueden considerarse como una declaración profética de Adán, sino más bien como las palabras de Dios mismo. Son parte de la declaración hecha por Dios acerca de la ceremonia matrimonial.

Estas palabras expresan la más profunda unidad física y espiritual del hombre y la mujer, y presentan la monogamia delante del mundo como la forma de matrimonio establecida por Dios.

Estas palabras no recomiendan el abandono de los deberes filiales y del respeto hacia el padre y la madre, sino que principalmente se refieren a que la esposa ha de ser la primera en el afecto del esposo y que su primer deber es para ella. Su amor por ella ha de exceder, aunque ciertamente no debe desalojar el amor debido a sus padres.

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Serán una sola carne

La unión de esposo y esposa se expresa en palabras inconfundibles, existiendo como es en realidad unión de cuerpos, comunidad de intereses y reciprocidad de afectos. Es significativo que Cristo use este mismo pasaje en su vigorosa condenación del divorcio:

"Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?" (Mateo 19: 4, 5).

¿Qué significa ser una sola carne?

El término “una sola carne” viene del libro de Génesis en la narración de la creación de Eva. Génesis 2:21-24 describe el proceso por el cual Dios creó a Eva de una costilla tomada del costado de Adán mientras dormía. Adán reconoció que Eva era parte de él; de hecho, eran "una sola carne". El término “una sola carne” significa que, así como nuestros cuerpos son un todo, y no pueden ser divididos en pedazos y aun así seguir siendo una unidad, de la misma manera Dios decidió que sucediera con la relación matrimonial. Ya no son más dos entidades (dos individuos), sino que ahora son una sola entidad (una pareja casada). Hay un número de aspectos en esta nueva unión.

En lo concerniente a las relaciones emocionales, la nueva unidad tiene prioridad sobre todas las relaciones previas y futuras (Génesis 2:24). Algunas parejas de casados continúan concediéndole un mayor peso a los lazos que los unen con sus padres, que con su nuevo cónyuge. Esta es una receta para el desastre en un matrimonio y es una perversión al propósito original de Dios de “dejar y unirse”. Un problema similar puede surgir, cuando uno de los cónyuges comienza a inclinarse más por satisfacer las necesidades emocionales de un hijo que las de su esposo(a).

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Emocionalmente, espiritualmente, intelectualmente, financieramente y en cualquier otro aspecto, la pareja debe convertirse en uno. Así como una parte del cuerpo cuida de las otras partes del organismo (el estómago digiere la comida para el cuerpo, el cerebro dirige al cuerpo por el bien del ser, las manos trabajan para el beneficio del cuerpo, etc.), igualmente en el matrimonio, cada cónyuge debe cuidar del otro. Cada cónyuge ya no debe ver el dinero ganado como “mi” dinero, sino como “nuestro” dinero. Efesios 5:22-23 y Proverbios 31:10-31, nos dan la aplicación de esta “unidad” en el papel del esposo y la esposa respectivamente.

Físicamente, ellos se convierten en una carne y el resultado de esa sola carne se encuentra en los hijos que produce su unión. Ahora estos hijos poseen una composición genética especial, como resultado de la unión. Y aún en el aspecto sexual de su relación, ellos no deben considerar sus cuerpos como propios, sino pertenecientes a su cónyuge (1 Corintios 7:3-5). Tampoco se enfocarán en su propio placer, sino más bien en proporcionar placer a su esposo(a).

La unidad y deseo de beneficiar al otro no es algo automático, especialmente después de que la raza humana cayó en pecado. En Génesis 2:24, le es dicho al hombre que se “una” a su mujer. Esta palabra abarca dos ideas. Una es estar “pegado” a su esposa, una ilustración de qué tan unido debe ser el lazo matrimonial. El otro aspecto es “dedicarse diligentemente a ver por” la esposa. Este “dedicarse diligentemente a ver por” es llevarlo más allá del noviazgo que conduce a la boda y continuarlo a través del matrimonio. La tendencia carnal es hacer “lo que me hace sentir bien” en vez de considerar lo que beneficiará al esposo(a). Y este egocentrismo es la rutina en la que comúnmente caen los matrimonios, “una vez terminada la luna de miel”. En vez de que cada uno de los cónyuges se preocupe por cómo no se satisfacen sus propias necesidades, debe permanecer concentrado en suplir las necesidades del cónyuge.

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A pesar de lo agradable que puede ser que dos personas que vivan juntas, satisfagan las necesidades del otro, Dios tiene un llamado más elevado para el matrimonio. Así como debían servir a Cristo con sus vidas antes del matrimonio (Romanos 12:1-2), ahora deben servir juntos a Cristo, como una unidad, y criar a sus hijos para servir a Dios (1 Corintios 7:29-34; Malaquías 2:15; Efesios 6:4). Priscila y Aquila, en Hechos 18, serían buenos ejemplos de esto. En la medida que una pareja busca servir a Cristo, el gozo que da el Espíritu llenará su matrimonio (Gálatas 5:22-23). En el Jardín del Edén había tres personajes (Dios, Adán, y Eva) y había gozo. Así que, si Dios es el centro de un matrimonio, también habrá gozo. Sin Dios, una verdadera y plena unidad no es posible.

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