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Escuchar a Dios

La voz de Dios
Seguro haz oído la frase “escuchar la voz de Dios”, muchas personas son algo escépticas con respecto a eso de “escuchar” la voz de Dios, lo consideran una cosa del pasado o de la Biblia únicamente. Sin embargo, hoy en día también podemos escuchar a Dios que nos habla y nos guía

Todo cristiano nacido de nuevo ha sido sellado por el Espíritu Santo, señal de que ahora pertenece a Cristo (Efesios 1:13), lo que le permite reconocer la voz de Dios. De hecho, Jesús dice:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.
Juan 10:27

Por lo tanto, las Escrituras te dan la seguridad de que no sólo Dios te habla de diferentes maneras (Job 33:14), sino que también tienes todo lo que necesitas para reconocer su voz y seguirle, porque eres una oveja de Jesús.

Sin embargo, como Dios rara vez se comunica de forma audible, puede parecer difícil escuchar su voz y este ejercicio puede causar a menudo más frustración que satisfacción. Aquí tienes algunos consejos para ayudarte a escuchar la voz de Dios.

Cómo puedo escuchar la voz de Dios?

En este tema mencionaré de manera muy personal las formas en que siento que Dios me habla. No necesariamente tiene que ser así contigo. Pero ciertamente oigo al Señor hablar a mi corazón de muchas maneras diferentes. Y no, nunca he escuchado la voz audible de Dios. Y aunque deseo mucho esa experiencia, estoy contento con la relación que he tenido con el Padre.

A través de la Palabra

Creo que la forma más fácil de escuchar a Dios es leyendo la Biblia. Puede parecer demasiado simple, pero si entendemos que nos referimos a la Palabra de Dios, ¿qué mejor manera de escuchar su voz que directamente a través de su palabra?

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A través de la Biblia conocemos el funcionamiento de Dios y comprendemos el modo en que cuida de su creación. Entendemos el propósito, vemos la forma en que a Él le gustan las cosas y nos dirigimos a vivir a Su manera.

Uno de los mayores problemas que he visto es que muchos cristianos dicen que no oyen la voz de Dios, pero ni siquiera se paran a abrir sus Biblias durante unos minutos.

A través del Espíritu

La tercera forma en la que oigo hablar a Dios es quizá la que más intimidad me crea con Él. Cuando estoy hablando y contando mi día, trato de prestar atención a lo que el Espíritu Santo está diciendo a mi corazón. Así que, básicamente, siento que las respuestas a mis preguntas llegan a mi mente. Confieso que al principio de mi camino con Dios, pensé que era algo en mi cabeza. Pero a medida que tenía experiencias con palabras de conocimiento y sabiduría (1 Corintios 12) que me llegaban de la misma manera y siempre encajaban perfectamente pude empezar a diferenciar la voz del Señor de la voz en mi cabeza.

Imagínate en medio de una multitud donde todo el mundo grita y piensa que en algún momento tu madre te está llamando. Podrá percibir su voz porque la conoce desde hace años y es lo suficientemente íntima como para entender su voz incluso en medio de tantas otras.

De este modo, creo que la mejor manera de aprender a escuchar sólo la voz de Dios es intimar cada vez más con Él. En secreto, rezando, leyendo la Biblia y silenciando el sonido del mundo.

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Importancia de escuchar a Dios

En la comunicación es muy diferente el oír que el escuchar. El oír significa percibir con el sentido el sonido de las palabras; mientras que el escuchar implica además poner atención, recordar, pensar y razonar; en una palabra, cuando escucho entiendo el mensaje. Por eso la publicidad es tan repetitiva porque a costa de oír, oír y oír, se va captando lo enviado. Para el cristiano es importante escuchar a Dios. Escucharlo es ante todo entender lo que nos manda y estar dispuestos a obedecerle. A lo largo de la Biblia Dios nos invita a escucharlo; quiere ser escuchado, desea que los hombres lo escuchen y abandonen sus malos caminos. Además añora que sus hijos sean los primeros en hacerlo. El Señor muchas veces nos lo recuerda cuando estamos afrontando una aflicción y lo hace de esta manera porque es cuando más sensible está nuestro corazón. Es ahí, donde nos aparta en soledad y en el silencio como novio amante se dirige: “Por eso, ahora voy a seducirla: me la llevaré al desierto y le hablaré con ternura” (Os. 2:14). Al respecto como testimonio puedo decir que cuando me pre-diagnosticaron el cáncer de seno, en un momento muy a solas con el Señor orando y escuchando a Jesús Adrian Romero sentí completamente su presencia y entendí, que en verdad valía más un minuto con Él que todo lo demás. Fue como si mi Señor me dijera: “Aquí estoy contigo Dora, no temas, eres preciosa para mí y no te dejaré”. Cada vez que recuerdo aquel día, ese instante en especial, mi corazón se agita; nunca antes había tenido con el Señor una experiencia tan estremecedora como esa, ni había sentido tanto su compasión y amor hacia mí como en aquella ocasión. Dios lo tenía todo preparado y ese fue el día propicio para seducirme y consentirme porque en verdad estaba en el desierto. Más tarde estando ya en la clínica a través de mi enfermera, me recordó nuevamente cuánto me amaba porque era ¡la niña de sus ojos! No sé si me puedan comprender con lo que les voy a decir, pero si Dios se cogió de esa situación para que yo pudiera estar completamente a su lado y lo escuchara, ¡bendita enfermedad! Jesús fue, es y será siempre una realidad en mi vida; “Todo daría, no importaría lo que tenga que pasar, lo que tenga que esperar”.

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Hay que aprender a ser sensibles a la voz de Dios. El Señor nos habla de diferentes maneras, pero somos como sordos ante Él. Hay que preparar el corazón para escucharlo; hay que oír, oír y oír su Palabra para que por fin nos convirtamos en verdaderos hacedores de ella. Su Palabra es poder porque es Palabra viva para vida eterna.

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